sábado, setiembre 02, 2006

UN CUY EN BOCA RATON

Sabedor de los indecibles infortunios que le ha tocado vivir a su expectorado amigo (o sea, al autor), un diminuto y valiente personaje conocido en el mundo del recontra-espionaje como el Agente Cuy Mc Cuy se arma de valor y, sin pensarlo dos veces, vuela al rescate hacia La Florida, dispuesto a dictarle una cátedra de amistad.

¿Qué consigue? Hambre, miseria, desolación... y el imposible beso de Nicole Kidman.-¿Cómo estás? -me preguntó Cuy Mc Cuy desde su cómoda posición limeña de productor de programa periodístico dominical.

-Bien -le respondí yo, desde las profundidades del subsuelo miamense.
-¿Bien qué?
-Bien cagado.
-Ya sabía.
-Entonces no preguntes cojudeces.
-Bueno, ya, escúchame con atención: este es el plan...
-¿Tienes un plan?
-Plan fuga, Fuguet. Me harté de esta basura. Renuncio a fin de mes.
-Has enloquecido.
-Es contagioso, pues. Está decidido. Me voy a Miami a hacerte la taba.
-No seas imbécil. No vengas. Por mí no lo hagas, en serio.
-Por ti no lo hago, huevas, lo hago por mí.
-Cumplo con informarte que aquí no pasa absolutamente nada.
-No importa. Igual llego el 31.
-No vengas.
-Ya tengo mi boleto.
-Te vas a arrepentir bien feo. It's a mistake.
-Algo saldrá.
-Tú estás viniendo a cuidarme, ¿no, enano? Deschávate.
-Ya lo dijo la destacada filósofa nacional Esmeralda Checa: "Una pena entre dos es menos atroz".
-Pero un plato entre dos es menos arroz.
-Lo último que tú necesitas, Alfredo, es más arroz.
-¿Y vas a dejar tu chamba para venirte a la nada, so pedazo de anormal? Eres de otro planeta, Chato. Nadie hace eso.
-Nomás para que aprendas a no generalizar. Basura será la mayoría pero no todos, cabrón, no te lo olvides nunca.
-Eres un amigo de la concha de su madre, ¿sabes o no?
-Ya, ya, ya. Tampoco es para que te me pongas tan romántica.

TWO MONTHS LATER:
Una sucesión de desastres cotidianos lo habían precipitado al desconsuelo. El duro golpe de ver colapsar el acariciado sueño del cable y la internet propios estaba a punto de ser superado con el estoicismo habitual cuando, de pronto, les cortaron el gas y la vida se redujo a una ollita arrocera.

No sé si lo saben pero no es posible hacer tallarines rojos en una ollita arrocera. ¿Qué más puede pasar? -se preguntó. La vida le respondió, prestísima, en el acto: el casero, nuestro señor Barriga de quinta, golpeó la puerta furioso.

¿Qué estaba pasando? ¿No hemos pagado la renta? ¡Claro que la hemos pagado! En efecto, la cancelamos infalibles hacía dos semanas, pero él -que no nos conoce lo suficiente- había tardado demasiado en ir al banco para (intentar) cobrar el cheque. Dicha omisión nos había generado la efímera ilusión del saldo disponible.

Y nos había precipitado a la sección productos cárnicos, a las medialunas de la panadería Buenos Aires, a los cines de estreno, a las cebicherías de nombre extremado: "Chalán On The Beach". Ilusiones. Locas ilusiones. Pues ahora el cheque Viniball había rebotado -delito federal- y el fin de mes habría que pagar no una, sino dos armadas. Mil doscientos cocos de porrazo. Inalcanzable.

Pero el indómito Chato prefiriendo morir dijo: NUNCA. ¿Volver a Lima? NUNCA. Cualquier cosa antes que eso. Cualquier cosa. Prefiero ser jardinero. Lo fue. Un pinche mexicano le pasó el yara en el paradero. Había un cachuelo: remodelar el jardín de la jatazo de un millonario en Boca Ratón. Chamba para una semana.

Desde las 6 de la madrugada. Levantarse al alba. Los primeros días -previo corn flakes marca chancho con leche de soya- se iba de noche. Regresaba -de noche también- todo arañado, maltrecho, cocinado por el sol, dejaba aquellas sandalitas -que parecían arrancadas del espejo retrovisor de algún ómnibus Morales Moralitos- todas enlodadas en la puerta (algún día se reiría del asunto pero vaya que hoy no) y caía redondito en su colchón junior tras aplicarse los tallarines nuestros de cada día.

(Había comenzado a comprar corbatitas, caracolitos y a hacerlos con mantequilla para variar.) Regresaba a casa enterrado, hecho una calamidad. Con la peor cara de autogol que le he visto en estos meses de intensas autogoleadas.

Como diciendo: "Beatita de Humay, ¿para esto dejé mi silla de productor general?" (I told you). De pronto, la noche del miércoles llegó hecho un conejo de pascuas. Radiante, jubiloso, con inocultable cara de winner. Cosa infrecuente: cara de gol. De chumpigolazo. Me dirigió su miradita esa de "Yo me las sé todas" y habló:
-¿Adivina de quién es la jato en la que estoy chambeando?
-De Michael Jackson.
-Casi, casi. Estuviste cerca.
-Sal de acá y acábate tu fideo codito, nomás.
-En serio. A ver, te doy una pista: es negro.
-¿Guapo? (cuándo no).
-Guapo. (¿Tú también, Brutus?)
-Me sorprendes, Méndez. Mmm...a ver: ¿Will Smith?
-No.
-¿Denzel Washington?
-No.
-¿Dennis Rodman?
-No.
-Puta, no sé, ¿Michael Jordan?, ¿Wesley Snipes?...no sé quién, huevas: ¿Jeferson Farfán?
-¿Te rindes?
-Habla de una vez.
-Lenny Kravitz.
-Tienes que estar mintiendo.
-Puta, te lo juro.
-Maldito renacuajo: mañana te reemplazo. Cédeme tu rastrillo, te lo exijo.
-Alucina que nos ha estado cantando toda la tarde con su guitarra al borde de la piscina. ¡Y yo allí era el único que sabía quién era!
-¿NOS ha estado cantando? ¿A ti y a los cuatro pinches güeyes de Guanajuato les va a haber estado cantando Lenny Kravitz al borde de la piscina? Arranca, ten la bondad, arranca.
-¡Huevón, no sabes la hembra que tiene!
-Claro que sé la hembra que tiene, animal, ¿cómo no voy a saber?
-¿Es famosa ella?
-Te odio más que a mi vida, no me digas que ELLA también estaba.
-¿Por qué, ah? No sé quién será esa jerma.
-¿"Esa jerma"? "Esa jerma" es Nicole Kidman.
-¿Cuál Nicole Kidman?
-¿Cómo "cuál Nicole Kidman", pedazo de bestia, cuántas hay? ¿No viste Moulin Rouge?
-Me llegan al chopin los musicales, pero, a ver, enséñame su foto, ¿cuál de todas es?
-No eres nadie. Mira, es esta de acá... (mostrando el dvd)
-Chuuuuu.... Esta es, pues, su flaca. Ajá.
-Imbécil, y tú emocionándote con el zambo.
-No importa, el viernes regreso.
-Presenta, pues, a los patas. Llévame. No seas esto.
-Muérete.

Esa noche fuimos a "Sam's" -la socorrida tienda de cd usados de Washington Avenue- a comprar en ocho cocos un disquito del San Borja para que se lo autografiara.

Y a la mañana siguiente se llevó también el estuche de la película, un plumón indeleble y mi camarita de batalla, no sin antes dejar prendida la reglamentaria vela a San Judas Tadeo, en gratitud por el empleo concedido. A la noche regresó chochísimo y completamente inflado, como un pavo.

Lo había logrado. Kidman y Kravitz abrazaditos... con Cuy Mc Cuy al medio, diminuto y radiante, como si fuera su hijito adoptado. Y por si todo eso fuera poco, Nicole le está dando un besito en el moflete.

Adonde quiera que me mude, tengo esa foto siempre pegada en mi pared como un antídoto contra la tentación aquella de generalizar. Y si no fuera porque ahora él es un importante funcionario de una transnacional, la publicaría para ilustrar esta columna. Me muero de ganas pero no puedo. Ahora que el celebrity es él, me toca a mí cuidarle la imagen y las espaldas. Pero la foto, pucha, no saben lo que es. Es demasiado.